Publicado: Sab, jun 28th, 2014
| Hecho por: Sergio

Recordando a Mágico González, el mago del balón

Valóralo:
1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas! (¿Te parece interesante?)
Loading...Loading...

“Mágico es mucho mejor que yo. Yo vengo del planeta tierra. Él es de otra galaxia”. Así describía el mismísimo Diego Armando Maradona a Jorge Alberto González Barillas, por todos conocido como ‘Mágico’ González. Futbolista de otro planeta que terminaría grabándose a fuego en la mente de aquellos que le vieron pisar un césped, vibrando con cada actuación de este futbolista salvadoreño, mito en el campo y pendenciero fuera de él. Un futbolista que nunca jugó en un grande porque no quiso, porque jugaba al fútbol por diversión, no por dinero.

Es de habitual costumbre cuando se habla del noble arte del balompié el mencionar de carrerilla a los cuatro grandes: Pelé, Di Stéfano, Cruyff y Maradona. Un selecto grupo de futbolistas al que habrá que añadir en un futuro a Messi y al que algunos también sitúan a Zinedine Zidane. Jornaleros del balón que serán recordados por todas las generaciones, aun no habiéndoles visto nunca sobre un terreno de juego. Este cuarteto será recitado en cualquier lugar del planeta salvo en uno: Cádiz. La ‘Tacita de Plata’ añadiría a uno más, incluso por encima de todos ellos. Porque lo que hacía Mágico con el balón no se lo vieron a nadie. Jorge ‘Mágico’ González dejó su huella en la ciudad gaditana y en la memoria de todos aquellos que le vieron en directo.

Mago dentro y fuera del campo

“Este no viene. Vámonos de aquí. Nos ha faltado al respeto”. Los emisarios del PSG francés abandonaban un hotel céntrico de El Salvador tras esperar más de cuatro horas la llegada de Mágico, aquel futbolista del FAS de Santa Ana que había dejado a todo el mundo con la boca abierta tras clasificar él solo a la humilde selección de El Salvador para el Mundial de España de 1982. Mágico no había acudido a la cita, se había echado una de sus interminables siestas, pasando olímpicamente de aquellos que habían llegado para negociar su fichaje.

Así era Jorge González, El Mágico. Apodo que llegó tras una de sus espectaculares actuaciones y que le acompañaría el resto de su vida. Porque él jugaba al fútbol por diversión y su vida realmente giraba en torno a las mujeres, las siestas y el alcohol. Los franceses se marcharon y Mágico emprendió su rumbo al Mundial de España.

¿Cómo es posible que un equipo que pierde sus tres partidos del Mundial, llegando a encajar un 10-1 ante Hungría, sitúe a uno de sus futbolistas entre los diez mejores del torneo según la FIFA? En resumen, Mágico había vuelto a dejar al mundo asombrado con cada control de balón, regate y actuación. Un futbolista diferente que terminó quedándose en aquel país, rechazando ofertas millonarias procedentes de Italia e Inglaterra. “Quizá le gusto el sol, las mujeres y la fiesta de España”, destacaba un conocido suyo. Contra todo pronóstico, Jorge decidió fichar en la 82-83 por el Cádiz, un modesto club de la Segunda división española.

 “La gente de Cádiz me para por la calle y me dice que soy un crack, yo les digo que me llamo Jorge y que mi apellido es González”. En la ciudad gaditana El Mágico se sentía como en casa. Y en ella los aficionados le adoraban como a un Dios, llenando cada domingo el Ramón de Carranza para presenciar en directo algo que nunca habían visto sobre un terreno de juego.

Jorge Mágico González

“Prefiero el calor de la gente al dinero”

Porque Mágico hizo subir al equipo a Primera. 15 goles en 33 partidos y unas actuaciones sobre el césped que asombraban por doquier. Los aficionados españoles se quedaba a ver los resúmenes de Segunda de Estudio Estadio para verle jugar. Para presenciar con sus propios ojos algo que ni siquiera habían visto hacer a Maradona, Pelé, Di Stéfano o Cruyff.

El Cádiz subió para permanecer jugueteando con el descenso las temporadas venideras, pero Mágico seguiría levantando al público de sus asientos. Un espíritu libre al que no le importaba gastar todo su sueldo en una misma noche, no aparecer por el entrenamiento en tres días y luego reaparecer y ser el mejor jugador del planeta. Llegó una oferta de la Juventus, otra del Atalanta. Le pagaban hasta cinco veces más. Mágico las rechazó. “Prefiero el calor de la gente al dinero”, espetó.

 “Mi obsesión siempre fue pasarlo bien. Quise ser feliz sin pisotear a nadie”. Y no pisoteó a nadie. Quizá a sí mismo pues su talento era tal que podría haber sido el mejor de la historia de cuidarse. Pero él era así y tampoco intentaba remediarlo. Interminables noches de fiesta, amigo íntimo de Camarón de la Isla y Curro Romero, Jorge Mágico González fue el símbolo más indisciplinado que pudiera haber abordado el mundo del fútbol desde el legendario George Best.

En un trofeo Ramón de Carranza el Cádiz perdía 0-1 ante el Barcelona de Maradona. Mágico no había llegado al partido pero apareció en el descanso, con la resaca latente de los días anteriores de fiesta y alcohol por las tabernas y ventas gaditanas. Se cambió y David Vidal, técnico del equipo, le dio entrada en el segundo tiempo. Lo que pasó en aquel modesto estadio no lo olvidaría jamás nadie. El salvadoreño ofreció un recital increíble marcando dos goles, dando otro, y haciendo que su equipo remontase el partido para terminar venciendo por 3-1.

Una de las muchas leyendas que acompañan la historia de este eterno futbolista. Leyendas que incluso el propio FC Barcelona pudo afirmar como verdaderas en el verano de 1984. El club azulgrana se lo había llevado de gira junto a Maradona, con permiso del Cádiz, ya que estaba sondeando su fichaje y querían ver como se comportaba El Mago. Rechazaron en rotundo su traspaso. ¿El motivo? En el hotel de California donde se alojaba el equipo sonó la alarma anti-incendio después de quemarse una cocina. Todos los jugadores salieron despavoridos del edificio por temor a perder la vida. Todos menos Mágico. Una vez sofocado el revuelo le encontraron durmiendo en su habitación con una señorita de compañía.  “Siempre he sido muy vago y aquel día me costaba mucho levantarme. Además, no había ningún incendio ¿Porque no hubo ningún incendio esa noche, verdad?”.

Así era Jorge González, al que David Vidal, su entrenador en el Cádiz, perseguía por las discotecas de las noches gaditanas, intentando reconducir su vida sin éxito. Su indisciplina le hizo ‘chupar’ banquillo en más de una ocasión, pero Vidal terminó desistiendo pues lo que hacía con la pelota no lo hacía nadie. Él solo ganaba los partidos. En una de esas suplencias de Mágico, David Vidal llegó al vestuario antes de un partido, miró a sus jugadores y lo que presenció en una de las esquinas del vestuario jamás lo pudo olvidar. Era Mágico en estado puro. “Le miraba y no me lo podía creer. Estaba haciendo controles con un paquete duro de tabaco, de Marlboro. Pudo hacer 20 ó 30. Nos quedamos mirándole y era impresionante. Una naranja es redonda, pero un paquete de tabaco es rectangular - afirmaba recientemente Vidal-, algo asombroso. La sensibilidad que Dios nos ha dado a los humanos en las manos, a Jorge se la dio en los pies”.

No firmó un aumento de sueldo

De todos es sabido el cariño que espetan los profesionales del fútbol por el dinero. Más si cabe aquellos que lo malgastan en sonadas juergas nocturnas. Sin embargo, Mágico era diferente.

Manuel Irigoyen, presidente del Cádiz, era un enamorado del fútbol de Mágico, y quiso hacérselo saber con una oferta de renovación de 50 millones de pesetas anuales, un dineral para la época. Sin embargo, el nuevo contrato tenía una cláusula especial: Jorge tendría que abonar medio millón al club por cada acto de indisciplina que realizase. El salvadoreño miró a su presidente, se levantó de la mesa y espetó:  “Presidente, si firmo eso acabo la temporada debiendo mucho dinero al Cádiz”.

“Respeté al fútbol pero no me respeté a mí”, afirma hoy día Jorge Alberto González Barillas desde El Salvador, su lugar de residencia. Lugar en el que terminó recalando tras su marcha de España. Ahora sigue jugando de vez en cuando por diversión, tal y como ha hecho toda su vida, sin importarle el dinero mientras tenga suficiente para mujeres y alcohol. Sus dos grandes pasiones, además de las siestas. Siestas que le hicieron perderse entrenamientos y partidos, como el que casi se pierde en el homenaje que le rindieron en Cádiz hace unos años. Se había quedado dormido, le fueron a buscar al hotel, jugó y el dinero que le dieron lo repartió entre sus amigos.

Dios le había dado un don para el balón pero él no quiso respetarlo. Un genio que siempre permanecerá en el corazón de todos los gaditanos y de aquellos que le vieron jugar. El quinto grande que no quiso serlo nunca.

S.G.Cogolludo